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Bolivia en el Mundo | Economía y Desarrollo | Empresa Privada e Inversión

NUESTRA CRISIS Y EL MODELO PERUANO

PorRonald Nostas junio 7, 2023

Soy un convencido que la gravedad de una crisis no sólo se mide por la fuerza de su impacto, sino por la capacidad de resistencia, mitigación y resiliencia del sistema que la soporta. También creo que este principio explica por qué, tras una crisis sanitaria y otra económica que todos vivimos por igual, algunos países se han repuesto y están creciendo, mientras que otros se han estancado o descienden inexorablemente.

El Perú, por ejemplo, un país que vive en crisis política desde hace 40 años, que tiene encarcelados o procesados a cinco ex presidentes y que aún enfrenta niveles de convulsión social, se ha recuperado de la pandemia del COVID 19 y sortea con eficiencia los efectos del colapso financiero mundial. Esta nación de 34 millones de habitantes y dotada de recursos naturales como la nuestra, en sus años de crecimiento sostenido logró acumular Reservas Internacionales Netas de 74.000 millones de dólares, tiene un déficit fiscal cercano al 1.6%; su deuda pública es menor al 34% del PIB, y en 2022 recibió un monto de inversión extranjera directa de 30.000 millones de dólares.

De hecho, en medio de su peor crisis social y golpeado por desastres climáticos, ha ratificado el Tratado de Libre Comercio Alianza Pacífico, negocia acuerdos con Singapur y Hong Kong y aumentó su inversión privada en 37%.

Es evidente que la pandemia y la crisis económica afectaron duramente al Perú. En 2022, la pobreza monetaria subió al 27% y la pobreza extrema al 5%, la inflación superó el 8%, la informalidad laboral es mayor al 68% y hay preocupantes niveles de desigualdad que afectan más a mujeres, jóvenes e indígenas. Sus problemas y desafíos son enormes, pero no dependen de factores externos e incontrolables, sino de la capacidad y la voluntad que tengan sus gobernantes y sus lideres para dialogar, consensuar y transformar.

Aunque hay diferencias principalmente por el acceso marítimo, también hay mucha similitud entre nosotros y el Perú. Ambas tenemos recursos naturales importantes, variedad cultural, diversidad geográfica, y potencial agrícola, energético y turístico, sin embargo, lo que nos diferencia sustantivamente es nuestra visión respecto a la institucionalidad económica.

Las bases del crecimiento y la estabilidad peruana se encuentran en la separación entre el manejo económico y la política; el respeto a la autonomía del Banco Central y; la protección constitucional a la inversión privada nacional y extranjera. Estos principios se han mantenido invariables desde la década de los 90, trascendiendo gobiernos populistas, conservadores y liberales.

Basta revisar la Constitución peruana para entender el origen de su crecimiento y estabilidad, y de nuestro atraso y estancamiento. Sus artículos 60 al 63 nos dan algunas pruebas claras de estos contrastes cuando señalan que “Sólo autorizado por ley expresa, el Estado puede realizar subsidiariamente actividad empresarial, directa o indirecta”; “La actividad empresarial, pública o no pública, recibe el mismo tratamiento legal”; “El Estado facilita y vigila la libre competencia”; “La libertad de contratar garantiza que las partes pueden pactar válidamente según las normas vigentes al tiempo del contrato”. “Los términos contractuales no pueden ser modificados por leyes u otras disposiciones de cualquier clase”; “La inversión nacional y la extranjera se sujetan a las mismas condiciones”.

En cambio, las bases de la arquitectura jurídica boliviana referida a la economía no solo están diseñadas para adecuarse a principios ideológicos, sino que en los hechos son un híbrido entre el modelo liberal, el centralismo estatista y la informalidad, lo que impide el desarrollo armónico y sostenible del aparato productivo. La ambigüedad sobre la protección de la inversión privada, la indefensión del sector empresarial frente a la excesiva regulación y fiscalización del gobierno, la inequidad en materia laboral y la idea de un Estado planificador, legislador, empresario, inversionista, banquero, regulador, fiscal y juez, al mismo tiempo, solo han generado un sistema amorfo, ineficiente y limitante del progreso.

Este sistema explica por ejemplo porqué, en la etapa de mayores ingresos, no hubo capacidad ni interés por incrementar la inversión privada nacional y extranjera que hubieran garantizado la exploración hidrocarburífera, la implementación de la industria del litio, la expansión de la agroindustria y la minería, el desarrollo del turismo y la construcción de corredores interoceánicos, y nos hubieran preparado mejor para enfrentar las etapas de carestía.

Los peruanos entendieron que no hay tiempos malos ni buenos que duren cien años, y que unos nos deben prepararnos para los otros; que las bonanzas no son épocas para el despilfarro sino para el crecimiento sostenible y la previsión; y que es la economía y no la política, la que finalmente define el bienestar. Ojalá los bolivianos algún día aprendamos esas lecciones.

Etiquetas de la entrada: #Pilar: Diálogo#Pilar: Integración#Pilar: Producir

© 2026 Ronald Nostas Ardaya

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